El blanco plumaje del macho fue lo primero que llamó mi atención. Traté de guardar las distancias.
Mamá oca parecía prestarle mucha atención a los pitidos de la cámara. Papá, alertado, mantenía la calma.
Un polluelo se escapa. Sin embargo, no llegamos a captarlo completo.
el padre torsiona el cuello y la madre emite un sonido muy fuerte que es como un silbido
Papá y mamá están muy atentos tratando de proteger a su prole.
Asoman algunos chiquitines muy pegados a su madre.
Al llegar a este punto abandono: el placer de contemplarlos no puede ser a cambio de su miedo. No es razonable y emprendo mi camino de regreso. A mi paso voy tomando algunas fotos del entorno.
Cuando volvía me pregunté qué era lo que yo sabía sobre las ocas y llegué a la conclusión de que mi ignorancia era total. En mi casa tenía un libro "El mundo de los animales" donde conseguí una información muy interesante. Recuerdo que hacía hincapié sobre la gran inteligencia de las ocas que están entre las más cautas y vigilantes que existen. En cautividad se adaptan con rapidez.
Cuando se forma una pareja permanecen juntos para siempre. El macho corteja a su futura compañera y combate a sus rivales. Tras el apareamiento, la hembra empieza a reunir todo lo necesario para la construcción del nido. El macho la acompaña pero no la ayuda en su tarea. La base del nido está formada por hojas y tallos de junco, ramas secas y otros materiales amontonados con descuido. Sin embargo, el hueco interno está revestido por una capa de plumón que, antes de disponerse a incubar, la hembra se arrancará.
Los nidos se instalan siempre en lugares de difícil acceso para los zorros y otros animales de presa. En 24 días llegan los pequeños y en 24 horas, sus progenitores les llevan al agua y les enseñan a alimentarse. Cuando la familia se traslada, la madre va en cabeza, los hijos en medio y el padre en retaguardia. Las crías se desarrollan con tal rapidez que, a los dos meses, ya podrían independizarse pero prefieren continuar largo tiempo junto a sus padres con los que forman una familia muy unida.
Hay un último detalle del mayor interés. Los pequeños que se quedan huérfanos mueren a menos que se unan a otras familias de la especie que aunque nunca toman la iniciativa tampoco se niegan a admitir a los que espontáneamente se les una. Se sabe de una hembra que tuvo a su cuidado a unos sesenta polluelos huérfanos. Todo un ejemplo a seguir por los humanos.
Estás muy callado pero con los ojos muy abiertos, querido gatito. ¿Qué te parecen las ocas?
-Me parecen muy hermosas y te prometo que nunca cazaré -ni aunque me muera de hambre- a ninguno de sus chiquitines. Ay, cómo me gustaría vivir en el campo, cerca de un río...creo que podrías
cambiar este piso por una casita.
Ah, ya volvemos con el mismo tema. Lo siento. Yo bien quisiera pero no es posible.
Alcalá de Henares, 23 de octubre de 2018
Texto e imágenes realizadas por Franziska
el 28 de abril de 2010.