Don Ramón
tenía un perro
que
ladraba en los inviernos.
Tampoco
estaba callado
los demás
días del año.
Don Ramón
tenía un burro
que
pastaba en los veranos.
Tampoco
pasaba hambre
los demás
días del año.
Don Ramón
tenía un gato
que
maullaba en los tejados
y nunca
se contenía
cuando
estaba en otro lado.
Don Ramón
tenía un jardín
que
florecía en abril
y, en
octubre se secaba
y aquí no
ha pasado nada.
Volveremos
a empezar
a
cantarle a don Ramón
la
epopeya de su burro
que un
día, su flauta hizo sonar.
Dijeron
los cosmonautas
que fuera
casualidad
pero el
burro de don Ramón
no les
daba la razón.
Maestría
fue su empeño.
Muchos
años de trabajo,
dedicación, estoicismo
y
sonoros resultados.
Sus
rebuznos llegaban ya
hasta el
pueblo de al lado.
Así nos
sucede a algunos
como al
asno de don Ramón
que casi
todos los días del año
rebuznamos poesía …
e inspiramos compasión.
El que quiera ser poeta,
no debe olvidarse, no,
del asno de don Ramón.
Alcalá de Henares, 8 de mayo de
2015
Franziska
En el tiempo del taller sobre el Surrealismo, impartido
por
Alberto Cubero Mellado
Me lo dedico a mí misma, con
todo afecto. Creo que, por una vez, no está mal que tenga en cuenta mis observaciones
¿No es verdad, gatito mío, que vives en tu rincón y con paciencia y con agrado esperas que te visiten y a ver si llega algún gato para maullar, aunque no sea a menudo, que sea sin sobresaltos? Para tí mimos, caricias y toda suerte de halagos. Hasta pronto, -esta vez se cumplirá- Franziska
¿No es verdad, gatito mío, que vives en tu rincón y con paciencia y con agrado esperas que te visiten y a ver si llega algún gato para maullar, aunque no sea a menudo, que sea sin sobresaltos? Para tí mimos, caricias y toda suerte de halagos. Hasta pronto, -esta vez se cumplirá- Franziska